Centros de Acogida de Menores
La desprotección infantil es una realidad compleja y heterogénea que, además, se manifiesta con distintos niveles de gravedad que requieren respuestas diversas.
En unos casos bastará con la notificación para activar la intervención de las instituciones y profesionales competentes en la materia.
En muchos casos, la corrección de la misma necesitará de la actuación coordinada de profesionales y personas de muy distintos ámbitos (educativo, social, sanitario…) y entidades.
Además, en determinadas ocasiones, la urgencia del caso (un bebé abandonado en la calle, por ejemplo) requerirá que las actuaciones de atención inmediata se antepongan a las de notificación, o al menos, se superpongan.
Si bien tiende a identificarse la desprotección infantil con las situaciones de maltrato infantil en cualquiera de sus modalidades (abandonos, negligencia o abuso tanto físico, emocional, como sexual, etc.) hay que tener en cuenta que, en ocasiones, pueden darse situaciones donde un niño no es maltratado y sin embargo debe ser protegido.
También se debe considerar que hay circunstancias que generan maltrato (separaciones muy conflictivas de pareja, por ejemplo) y que no activan los procedimientos protectores sino que se abordarán desde las actuaciones en el terreno del Derecho de Familia.
En este sentido no debe obviarse que la primera responsabilidad de protección reside en los propios padres de los menores.
La detección consiste en identificar o reconocer aquellas situaciones de desprotección, o salvo las precisiones anteriores, sospecha de maltrato que sufren los menores. Requiere, por tanto, de estar alerta y de ser sensible a cualquier situación en la que se sospeche que un menor pueda ser víctima de un maltrato o estar carente de la suficiente atención material o moral.
Una de las medidas de protección es el Acogimiento Residencial.
El Acogimiento Residencial es una medida de protección que adopta la entidad pública competente en materia de protección de menores (Generalitat), como forma de ejercicio de la guarda, en virtud de la cual el menor es acogido en un centro todo recibe servicios de alojamiento, manutención, apoyo educativo y atención integral.
El menor en acogimiento residencial puede estar con tutela automática o en situación de guarda instada por los padres (guarda voluntaria).
En su aplicación deberá procurarse que el menor sea acogido en el centro que, siendo el más adecuado a sus necesidades concretas, se encuentre más próximo a su entorno familiar o social, a fin de que la relación con éste no sufra alteraciones, salvo que el interés del menor exija lo contrario. En cualquier caso la Administración pública procurará que el menor permanezca en un centro el mínimo tiempo posible.
Al ingreso del menor, el centro elaborará un programa de intervención individualizado del mismo, en función de sus circunstancias personales y socio-familiares, fijando objetivos a corto, medio y largo plazo.
Dentro del Acogimiento Residencial se encuentran enclavados los Centros de Acogida, ámbito en el cual he procedido a la realización de mi periodo de prácticas pre-laborales, dentro del currículo de la Titulación Universitaria de Educación Social.
El Centro de Acogida de Menores “El Teix” ubicado en Alcoy, es un centro abierto de atención integral y carácter educativo para niños y adolescentes en situación de guarda o tutela, que se encuentran privados de un ambiente familiar idóneo, cuyo periodo de estancia será el que determine la resolución administrativa de la que se derive su ingreso.
En cualquier caso la Administración Pública procurará que el menor permanezca en un centro residencial el mínimo tiempo posible, ya que la finalidad de estos establecimientos es la de acoger temporalmente a un menor mientras se restablecen las condiciones básicas de idoneidad en su entorno, o se derive hacia un recurso de carácter más permanente, preferentemente de carácter familiar.
Reflexión sobre la intervención del educador social
El área del menor en Residencias o Centros de Día, es una de las áreas de actuación más interesantes y amplias para el Educador Social.
Por su formación, el Educador Social es adecuado para coordinarse perfectamente con el resto de equipo (trabajador social, psicólogo, etc.)
Estos menores residentes son seres humanos con tantas problemáticas y trabas que necesitan mucha dedicación, y el Educador Social, con una implicación en el trabajo puede conseguir ambientes adecuados para el cambio de actitudes, la potenciación de capacidades de superación y auto imagen de estos menores.
La imagen del Educador Social y de cualquier profesional de servicios sociales, no está considerada y se perjudica tanto a los menores como a los propios profesionales puesto que existe una Ley del Menor, pero no se ofrecen ni los medios ni los recursos para actuar con estos menores problemáticos, y muchas veces la intervención se ha de reducir a una intervención meramente asistencial que no abarca todos los aspectos que podría.
El Educador Social al igual que otros profesionales de la educación encuentra limitaciones en todas partes:
- En el contexto familiar del menor: hay familias con las que muchas veces por su extremada desestructuración, es muy difícil trabajar con ellas, e incluso agota todos los recursos de los que dispone.
- En el contexto escolar: donde los profesores no admiten a estos menores, a los que aunque se les ofrece una hipotética aula de apoyo, lo envían al centro correspondiente al menor indicio de conflicto, creando así un círculo vicioso por el que el menor incrementa su deseo de absentarse del colegio.
- En el contexto político-burocrático: donde se crea tanta legislación, pero en realidad no se ofrecen los recursos para ponerla en práctica.
- A la hora de buscar trabajo ya que la poca delimitación de campos de trabajo hace que se dude a la hora de coger una categoría profesional sobre todo en los servicios sociales, tal vez por ser una carrera relativamente nueva.
El Educador Social puede recibir ayuda, con un reconocimiento de su labor, con ayuda desde el contexto escolar, dejándole intervenir pero coordinándose con sus funciones para optimizar procesos. Desde las instituciones pertinentes, ampliando la red de recursos para llevar a cabo los tratamientos y medidas legales.
No debemos olvidar, además, el mismo colectivo de educadores sociales (Colegio) desde donde se puede hacer presión para conseguir un trabajo en condiciones óptimas.